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Manadas de caballos en libertad (II)

José del Carmen Morales Leija  |  Matehuala  |  Lunes, 7 de Diciembre de 2015 - 18.55 TCM

Sogas1

Pelea de caballos salvajes  |  Archivo

Amigos, buenas tardes, como cada semana, hacemos lo posible por aportar algo a nuestro deporte nacional, hoy es la segunda publicación sobre los caballos, espero  les sirva como acervo cultural, porque aunque presumamos que todo lo sabemos, entre más leemos, nos damos cuenta que ignoramos mucho todavía, como siempre; con mis mejores deseos, lo siguiente:

 

“….En toda manada salvaje hay un semental que protege a sus yeguas y potros y se enfrenta a otros sementales rivales en violentas peleas. Pero día a día la manada es responsabilidad de las yeguas más veteranas, que con la sabiduría necesaria inspiran confianza y muestran liderazgo.

 

Una yegua líder vela porque los caballos jóvenes aprendan a comportarse, y los apartará si su conducta amenaza la convivencia pacífica de la manada. Sólo se les permite regresar si aceptan su “categoría juvenil” de forma respetuosa. La yegua líder es también la que toma la decisión de desplazarse en busca de agua o nuevos pastos.

 

El orden dentro de la manada cambia constantemente en función de la edad y del carácter de cada caballo, y esto también ocurre entre los caballos domesticados. No todos los caballos quieren ser líderes, pero todos quieren sentirse seguros y saber cuál es el lugar que ocupan dentro de la estructura de la manada.

 

La posición de cada animal en el grupo viene determinada tanto por su carácter individual como por su capacidad de liderazgo. Así, un caballo que no es un líder natural  puede intentar conseguir una posición superior más segura en la manada.

 

Por ejemplo, un caballo inseguro puede sentir mayor necesidad de ocupar una mejor posición, lo cual puede conseguir imponiéndose sobre otros caballos más débiles o más jóvenes. Pero los caballos no pelean para hacerse un lugar en la manada.

 

La mayor parte de su interacción se basa en la confianza para imponerse en el grupo, pretensión que muestran a través del lenguaje corporal. Así evitan enfrentamientos y posibles lesiones.

 

Los caballos pueden mostrarse muy amenazadores hacia otros equinos, aunque las peleas serias son poco frecuentes. Una señal de advertencia –normalmente las orejas planas- suele bastar para evitar la confrontación.

 

Un caballo que se defiende puede volverse para golpear con las patas traseras,  mientras que uno que ataca probablemente embestirá hacia adelante.

 

Pese a lo alarmante que puede parecernos estos enfrentamientos, su observación nos da pistas sobre cómo podemos interactuar con confianza y seguridad con los caballos.

 

Es recomendable no dar un paso atrás si un caballo intenta invadir descaradamente nuestro espacio y echarnos, algo que no siempre resulta fácil ni seguro, pues incluso un pequeño poni tiene fuerza suficiente para tirar a una persona.

 

Si un caballo grande y fuerte avanza de prisa hacia nosotros, nuestro instinto nos hace retirarnos para evitar el peligro. Pero al instante estamos enviando un mensaje de que no somos lo suficientemente fuertes para mantener nuestra posición y ofrecer al caballo el liderazgo sólido que necesita para sentirse seguro.

 

Le estamos diciendo que puede ignorarnos o intimidarnos, lo que dará pie a problemas en el futuro. Para restablecer el equilibrio, debemos enseñar al caballo a apartarse de nosotros y tenemos que saber pedirle con firmeza que retroceda si se acerca demasiado.

 

Estudios de caballos salvajes sugieren que las manadas domésticas a menudo presentan una interacción más tensa y agresiva. Podría ser porque los animales se ven limitados en pequeños potreros donde no pueden alejarse de los demás para evitar la confrontación. También podría ser porque los grupos están separados por sexo o porque la combinación de personalidades no está equilibrada.

 

De hecho, si observamos a los caballos de cualquier manada durante un periodo de tiempo, no tardaremos en constatar que las relaciones son sutiles y complejas, y que en ellas intervienen el instinto, la sensibilidad y la inteligencia. Es posible que no sea el mismo caballo el que asuma el liderazgo en todo momento.

 

A veces puede resultaron difícil interpretar la interacción, pero, para el caballo, siempre se trata de sentirse seguro en una aceptación dentro de la manada…”.

 

Hasta la próxima estimados lectores, publicaré la segunda parte de esta colaboración, por lo pronto, como siempre mis deseos que el Supremo Caporal los llene de bendiciones,

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