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Historia de la Hacienda de Tejalpa
El Seminario Nacional de Locutores se llevó a cabo en Hacienda Tejalpa | CNL
Amigos, en el presente año, la Coordinación Nacional de Locutores Charros que encabeza el Ing. Apolonio Ibarra Reséndiz, me invitó a impartir dos pláticas en el Seminario Estatal de Locutores Charros en la ciudad de “el convento y la barbacoa”, Actopan, Hgo., una de mis intervenciones fue sobre “La Historia de la Charrería” y dentro del temario propuesto, se incluyó algo sobre las unidades productivas del campo en aquellos años, una de ellas fue la hacienda, unidad mixta de producción que abasteció a los centros de población urbanos y mineros.
Cuando se llevó a cabo el Seminario Nacional de Locutores Charros en Zinacantepec, Edo., de México, la entrega de constancias se hizo en la Hacienda de San Pedro Tejalpa, nada mejor que investigar algo sobre ella y compartir con mis lectores, lo relativo a parte de la historia de la misma.
Me esperé hasta ahora, porque con lo del Nacional Charro estaba seguro que muy pocos la iban a leer y lo considero de interés, sobre todo porque en las haciendas nacieron las faenas que más tarde dieron origen a la charrería como deporte reglamentado, espero les sea de utilidad.
HACIENDA DE TEJALPA.
Según las fuentes de que se dispone y las investigaciones realizadas por Patricia Luna Mares y María Eugenia romero Ibarra, la Hacienda de San Pedro Tejalpa, que perteneció a los misioneros de Filipinas, se delimitó en 1625.
La extensión total de la propiedad era de 2 500 hectáreas. Esta hacienda se conformó como tal desde 1625. En este año quedaron deslindados los límites con las haciendas colindantes y los pueblos cercanos. El 31 de diciembre de 1625 se realizó la escritura de transacción en Zinacantepec, ante el escribano Bernardino de Amunarres, en la cual ya aparece como parte de la hacienda de San Pedro, las tierras dl pueblo de San Agustín y de San Pedro. Los indios de este último se congregaron en el de Zinacantepec y en San Cristóbal.
Ya para el año 1632, según se asienta en el Archivo de la Hacienda de San Pedro Tejalpa, la misma estaba compuesta de “dos casas, corrales, un sitio para ganado menor, seis caballerías de tierra y algunos caballos que compraron a los indios”. Se trataba, como puede verse, de una estancia agropecuaria que iniciaba apenas un proceso de acumulación.
De acuerdo con los mismos autores, en 1742 se llevaron a cabo diligencias de posesión en la Hacienda de San Pedro, y un año después se efectuó una segunda diligencia en la que se fijaron los linderos con los religiosos de una hacienda colindante llamada La Gavia, propiedad de la Compañía de Jesús.
Conforme las mismas fuentes, el 17 de abril de 1868, la hacienda pasó a manos del señor Ruperto Medina, quien contrajo nupcias con Concepción Garduño, cuya familia era propietaria de la famosa Hacienda de Pastejé en Ixtlahuaca. Don Ruperto y la señora concepción procrearon cuatro hijos y uno de ellos, que cursó estudios en la ciudad de México, vino a cambiar el rumbo y desarrollo de la hacienda.
La sombría figura del hacendado porfirista, conservador, ausentista, y que no estaba interesado en el incremento de la productividad de la empresa con base en la modernización, podría ser puesta en duda en la confrontación con este personaje, Medina Garduño se preocupó por aumentar las posibilidades del riego. Las aguas las aprovechó en la fábrica. El caudal de agua de que disponía la finca, era de 220 litros por segundo.
Seguramente Manuel Medina Garduño contó con recursos suficientes para emprender la modernización del molino de trigo que estrenó piedras francesas y la maquinaria necesaria para su funcionamiento. Impulsado por fuerza hidráulica; el molino empezó a funcionar en 1878.
A partir de este momento el crecimiento de las actividades, según los datos que aporta la investigación dada a conocer en la publicación “Origen y evolución de la hacienda en México”. Siglos XVI al XX, en su apartado “Manuel Medina Garduño: hacendado, empresario y político del Estado de México. 1911-1913”, fue extraordinario.
Por hoy es todo mis estimados lectores, esperando les sea de utilidad el presente artículo, la próxima semana publicaré la segunda parte, por lo pronto, mis deseos como siempre son que el Supremo Caporal los llene de bendiciones.
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